La VIII Jornadas Gastronómicas de Antiguos Alumnos arrancan con todas las reservas al completo tres de los cuatro días.
13 de abril de 2011 - Diario Sur
Francisco Oliva, junto al cocinero Diego Gallegos, ayer, en plena elaboración del postre. (pulsar PLAY)
Diego Gallegos Souza cambió ayer la cocina del restaurante granadino Casa Piolas por la de la Escuela de Hostelería La Cónsula, unos fogones en los que aprendió gran parte de lo que ahora sabe y que prendieron la llama de una trayectoria cargada de éxitos. En la sala, con nervios casi como el primer día, Asunción Vázquez, jefe de sector del primer cinco estrellas de Málaga, el Vincci Posadas del Patio, atendió con esmero a los asistentes a la primera cita de la semana de las jornadas de antiguos alumnos de La Cónsula. El director e impulsor de esta escuela, Francisco Oliva, compartió con ellos una experiencia que considera muy enriquecedora para los que vuelven a las aulas y para los que se están formando en ellas en estos momentos.
-La idea no partió de mí. Es un poco la historia de la escuela. Yo creé el proyecto y lo dirigió Rafael de la Fuente y las jornadas las ideó él y ahora yo las continuo. Es una idea magnífica. Es una forma de tomar el pulso a los que pasaron por estas aulas. Al cabo de tres o cuatro años estas personas nos dicen que ya tienen un hueco en el mundo laboral y nos explican lo que han hecho. Para los alumnos actuales es un test fundamental porque alguien que hace poco estaba como ellos ahora tiene un futuro destacado. Como todas las jornadas tiene un efecto hiperbólico. Es una puesta de largo en la que el menú cuentan con dos aperitivos, cuatro platos y dos postres, algo poco habitual. Todo ello maridado con tres o cuatro vinos. Como gran novedad, este año damos a probar cuatro variedades de café, de acuerdo con Carambuco. Entre ellas hay una especialidad que ha ganado el premio a la mejor del mundo en 2010. Es un café peruano, Perú Tunki, con una partida limitada. Luego hay otras variedades de Brasil, México y, a modo de contraste, de Etiopía.
-¿Qué reportan estas jornadas a los profesionales que vuelven y a los alumnos que están en formación?
-El que vuelve se siente absolutamente gratificado porque se le señala y se valora su trayectoria. Es un reconocimiento al que regresa por un día tras un esfuerzo personal. Ellos vienen gratuitamente y con una enorme satisfacción y ganas de lucirse. Para los alumnos, estos profesionales provocan un efecto muy vivificador, que resulta ser importante tras un año trabajando y estudiando. Es un impulso fundamental para los que se forman ver que todo el esfuerzo tiene una recompensa, que es palpable y está a la vista. Son un espejo en el que mirarse.
-¿Cómo transcurre una jornada como la de hoy?
-A las nueve vienen los antiguos alumnos. Se reúnen con los que están en formación y les explican la parte técnica del plato y su filosofía de cocina. A la gente de sala también se le dan las claves de cada plato y los maridajes del vino, porque ellos deben luego informar a los comensales de lo que están sirviéndoles. Además, la repostera da a conocer su postre. A las diez de la mañana, el crítico gastronómico José Carlos Capel da una conferencia a los alumnos, que presenta el también crítico de cocina Enrique Bellver. En la ponencia se dará a conocer cómo está el panorama de la restauración en España. La idea es aportar un aire fresco al alumnado. Después, a partir de las once de la mañana, los alumnos se meten en la cocina a elaborar los platos del cocinero formado en estos fogones. En la sala se ponen manos a la obra para vestir las mesas y preparar el salón. Todo está listo para recibir a los comensales a partir de las dos de la tarde.
-¿Muchos nervios en unos y otros?
-Sí, sí es la conjunción de muchas emociones.
-Este evento cuenta con fieles seguidores. ¿Cómo están las reservas este año?
-Prácticamente tenemos al 100 por cien durante tres de los cuatro días. El jueves aún queda hueco.
-La gastronomía se alza como uno de los reclamos en auge en el turismo. Tras muchos de los proyectos que actúan como imanes de estos viajeros están profesionales formados en estas aulas. ¿Qué ha supuesto la Cónsula en esta nueva cocina?
-Enrique Bellver recogía el otro día en un artículo que La Cónsula ha marcado un antes y un después en la gastronomía andaluza. Lo cierto es que se tuvo la intuición o la valentía de romper con todo: se trataba de hacer una cocina nueva, creativa. También era una apuesta por la formación de excelencia, de la que ni se hablaba como ahora ni existía. En tercer lugar fue ir a por profesionales de reconocido prestigio para convertirlos en profesores. La idea era generar credibilidad en el proyecto. No existía ninguna escuela en la Costa, pese al tirón del turismo. El empresario lo demandaba con fuerza. Uno de los objetivos fue que los hosteleros trajeran a sus hijos a esta escuela para garantizar relevos generacionales mejor formados. Así comenzó. La Cónsula aportó un aire nuevo y ahora es el sector el que considera que el enfoque de este centro es el camino a seguir. Recuerdo que fue una sorpresa muy grande cuando presenté este proyecto, que sigue ganando prestigio.
Sello propio
-En esta promoción se ha aumentado el volumen de alumnos ante la alta demanda. ¿Ha cambiado la crisis el perfil de los aspirantes a cocineros y jefes de sala?
-No ha cambiado el perfil. El nivel del alumno es el mismo. El de cocina es muy vocacional y el de sala es un poco menos motivado y más a ver qué es esto. Luego se dan cuenta de la importancia que tiene dar un buen servicio. De hecho, en las cinco estrellas Michelin, que están en manos de antiguos alumnos de La Cónsula, siempre ha habido también un jefe de sala formado en esta escuela. Para alcanzar esta distinción cuenta un 40% la cocina, otro 40% el servicio de sala, y un 20% de otros atributos, como la decoración. La sala es un complemento fundamental. Y la Cónsula cuenta con un sello propio en cocina y en sala.
-Esta escuela está a punto de cumplir su mayoría de edad. ¿Cree que el modelo está plenamente vigente o que es hora de introducir nuevas enseñanzas?
-Es posible que haya que ampliar las externalidades que ahora se imparten, como son informática, gestión hotelera e idiomas. Habría que ir al bilingüismo en la sala, pero no es fácil. Los alumnos vienen del paro y es muy complicado para ellos el dominio de los idiomas. También habría que tender hacia un curso especial de somelier y otro de pastelería. Esto significa más medios y no es el mejor momento, pero queremos seguir estando en vanguardia. Esta sería una hoja de ruta para un futuro próximo.
-¿Cuál es la receta para que todas las hornadas de profesionales de La Cónsula cosechen éxitos?
-Grandes profesionales entre los profesores y medios suficientes, maridado con la explotación de una idea que fue buena. Además, quiero agradecer el reconocimiento y la acogida que Málaga siempre ha hecho de esta escuela.



