El chef de uno de los establecimientos más prestigiosos de la ciudad se ha unido a otros 13 locales para intentar hacer más visible fuera de la provincia una gastronomía que se encuentra entre las mejores del país
1 de noviembre de 2009 - Málaga Hoy

El cocinero se aparta en pocas ocasiones de sus sartenes y hornillas.
A las 11:00 empieza el trasiego en la cocina del Café de París, el único restaurante de Málaga capital que cuenta con una estrella en la prestigiosa Guía Michelin. El capitán de este negocio familiar es el cocinero José Carlos García, un entusiasta de su trabajo que disfruta arrancando sonrisas a sus clientes. Rodeado de un joven equipo, sabe como pocos enamorar a través del paladar.
-¿A usted le gusta que lo llamen chef, prefiere cocinero o creador?
-Cocinero. Transformamos los alimentos, somos cocineros.
-¿Cuánto de arte considera que tiene la cocina?
-Todo. Tienes que hacer a través de los alimentos que el cliente disfrute, que pueda soñar un poco y arrancarle una sonrisa. Ahora, por ejemplo, tenemos un plato al empezar, un gazpacho prácticamente transparente, con el que damos la primera sorpresa y ese guiño es lo que nos invita a seguir jugando con él. Esa es la magia de esto.
-En la web del Café de París, dice que todas las nuevas formas culinarias están presentes en el comedor, ¿innovar o morir?
-Sí, sobre todo porque los cocineros lo llevamos dentro. Ni yo ni nadie de mi equipo podemos estar siempre haciendo el mismo plato, a los tres meses estamos aburridos, ya no nos gusta la vajilla, la textura, el producto… Siempre estamos…
-¿Creando?
-Más que creando, yo creo que combinando. La palabra crear hay que ponerla en mayúsculas, ya está casi todo creado. Estamos combinando las técnicas que existen, con los productos y la imaginación. El otro día se nos fue un poco la cabeza e hicimos un hígado de pato sin nada, ni sal, ni aceite, y el aliño, un Caviar de Riofrío. Te prometo que es algo espectacular. Un caviar salino con un hígado de pato, que es grasa pura, esa textura, lo que aporta el caviar, es fantástico… Lo podríamos llamar creación, pero me gusta ser más humilde.
-Cuando uno se pone delante de una cazuela, ¿intenta ser fiel a una filosofía?
-Siempre. El respeto al producto, al sabor y a la estética. No todos los días se consiguen las tres juntas, aunque es nuestro objetivo. Los platos tienen que tener vida, salir fuera con volumen, que el cliente note ese arte. En Andalucía tenemos los mejores productos de todo el mundo. En Nueva York, la capital del planeta, encuentras aceite de oliva a precio de oro y olvídate de hacerte con un simple membrillo. Aquí es muy fácil tener una gran cocina, como la que tenemos.
-¿Cómo es el negocio de la restauración de alto nivel?
-En cuanto a números, es negativo. Es poco rentable a no ser que el cocinero se convierta en imagen, porque entonces ganas dinero con lo que haces fuera. Pero este tipo de restaurante no es negocio, es nuestra forma de vida. Cocinamos, vivimos, pagamos, pero si fuera más rentables habría 5.000 locales de este tipo, y ¿cuántos hay? Muy pocos.
-¿Es más rentable vender camperos?
-Esta esquina sería perfecta para poner un shawarma de esos, de carne prefabricada, inyectada con todo tipo de engordantes. Pero esto es lo que he visto siempre, es mi casa, mis padres están aquí, el carrito de mi hijo, mi mujer… Esto es como el salón de mi casa, aunque en vez de tener una mesa tengo ocho y la gente viene a comer conmigo.
-¿Cómo era esto hace unas décadas?
-Ha evolucionado la cocina, el cliente, la gente sabemos más, respetamos más, pero francamente, sigo viendo este restaurante como lo veía de pequeño. Ha habido un salto generacional, he cogido el testigo de mi padre, pero no ha cambiado demasiado.
-Cuando uno consigue una estrella Michelin, ¿siente que tiene parte del trabajo hecho o supone una presión añadida mantener el listón?
-Supongo que depende de como te lo tomes. A mí me han enseñado que la crítica es importante, pero sobre todo importa el cliente que viene y repite. Esa presión la sientes los primeros días, la ilusión puede contigo, te llama todo el mundo, te felicitan y sientes que te has subido al carro de la alta cocina. Pero luego aterrizas y sabes que al señor que siempre te pide las patatas fritas se las vas a seguir haciendo. Para mí es igual, sigo teniendo el mismo respeto al cliente.
-¿Hacen falta padrinos para tener un nombre o es suficiente con trabajar duro?
-Como todo en la vida tienes que tener un padrino que enchufe pasta y te compre un Ferrari bueno para que tú puedas correr. Si tienes alguien detrás que te permita comprar trufa todos los días e invitar a todos, al final eres el mejor. A nosotros, que somos una empresa pequeña, nos supone un sobre esfuerzo cambiar la vajilla y comprar platos a 60 euros. Pero nunca hemos tenido ese tipo de apoyo y me siento orgulloso de que lo poquito que hacemos siempre ha sido con nuestro trabajo. Aunque siempre vamos a estar un poco a la sombra para llegar a esa parte mediática que te aporta reconocimiento.
-¿Cuál es el perfil del cliente del Café de París? ¿Es muy exigente?
-El perfil es muy variopinto, hay de todo un poco. Tenemos desde la pareja joven que hace un esfuerzo para venir una vez al año, al señor de negocios que intenta impresionar a su cliente. Pero la mayoría, el 75%, es cliente gourmet, que viene buscando buen producto y ahora con la crisis se ha notado más. El que viene lo hace de verdad. En la caja se nota pero en la parte profesional nos ha aliviado mucho, de gente que no sabe lo que quiere.
-¿El gusto del público malagueño es distinto al del cliente de fuera?
-El malagueño es cada vez más exigente. Desde hace tres o cuatro años estamos teniendo una clientela superbuena de gente entre 30 y 40 años. Algunos que pueden, otros hacen el esfuerzo y ese es mi público preferido. Me ilusionó mucho también un cliente de unos diez o doce años que sus padres le regalaron un menú degustación para su cumpleaños. Me dijo que había sido su mejor regalo y eso me engorda una barbaridad.
-Se ha debatido mucho en torno a la cocina de laboratorio, ¿usted qué opina?
-La cocina de laboratorio no está definida, son técnicas que se aplican pero, por ejemplo, la maicena es un producto de laboratorio. Lo que se ha hecho ha sido extraer producto de la gran industria y aplicarlos a la cocina, aunque son ingredientes en muchos productos que compramos. Yo no estoy en contra, hay que utilizarlo todo en su justa medida. Igual que lo que hace Dani García con el nitrógeno, es una técnica de cocción. En vez de cocinar con calor cocinas con frío y no tiene nada de malo.
-¿Le afecta la crisis a la alta cocina?
-La crisis ha seleccionado al público. Ahora viene el cliente que le sigue gustando esto realmente.
-Usted estudió en La Cónsula. En una provincia tan turística como ésta, ¿cree que son insuficientes las escuelas de cocina?
-Creo que está bien. En los 15 ó 16 años que lleva andando han salido muchísimos profesionales y eso se ha notado mucho en la ciudad y en la costa. El abanico de posibilidades que encuentras aquí no lo hay en ninguna parte de Andalucía. En cualquier guía estamos los número uno de toda la región y estoy completamente seguro que eso ha sido efecto Cónsula. Mi única crítica, tenían que haberlo hecho antes. Como el muelle 1, que tenía que haber estado hecho hace 15 años.
-Ahora que habla de proyectos, de los que están en marcha, ¿cuál considera que será más beneficioso para el malagueño?
-El Museo Picasso fue un boom y creo que el siguiente va a ser el Puerto, que va a abrir la ciudad, que aún está cerrada. Somos de costa pero tenemos costumbres de interior, a veces esto parece Córdoba. El siguiente proyecto que creo que nos va a dar una vida y una categoría enorme es el Hotel Miramar. Si abren ese hotel 5 estrellas gran lujo creo que va a ser muy importante. Esto podría generar un ambiente increíble.
-¿Cuál cree que es la asignatura pendiente de la ciudad en cuanto al turismo?
-Pienso que lo primero que deberían hacer es terminar el centro ya, como en cualquier ciudad de España. Ahora tenemos todo levantado y para un turista eso es un inconveniente continuo. Se debería decir hasta aquí, y no que ahora abro la calle, ahora la cierro y luego los coches no pueden pasar pero sí las motos, que interrumpen casi igual.
-¿Cómo considera de importante la relación turismo-alta cocina?
-Sí, mucho. Un martes por la noche todo estaba muerto y teníamos a 15 clientes en el salón. Todos extranjeros. Yo los llamo cariñosamente gastrómadas. Creo que somos un gancho para ellos, suena un poco presumido, pero considero que aportamos algo a la ciudad. Son clientes que hacen sus rutas, vienen buscando establecimientos así y creo que somos un referente para nuestra ciudad y tengo que decir, francamente, que nos sentimos un poco dejados. No vemos iniciativas que nos arropen un poco más.
-Café de París se unió a la iniciativa Mmm… Málaga. ¿Es necesario hacer visible la cocina malagueña?
-No, es para invitar a ese cliente que viene de fuera y puede estar un poco perdido, indicarle una línea de restaurantes, que hemos diseñado un menú de calidad a un precio bastante razonable e intentar que se nos conozca fuera como una agrupación de restaurantes, como pasa en el País Vasco o Cataluña.
-En Málaga, parece que no nos terminamos de vender bien…
-Así es. Yo lo intento, pero no hay una iniciativa municipal, no sé, algo. A nivel de ciudad debería haber ese aprovechamiento antes de que Sevilla nos coja el testigo, que lo hará pronto. Málaga y provincia es la que más estrellas Michelin tiene de toda Andalucía, en total cinco. Dos tiene Sevilla y una Almería. Llevamos siendo líderes un montón de tiempo en todas las grandes guías. Pues aprovechemos esto y vendamos que somos la primera potencia y así ser otro pequeño reclamo más para que venga el turista. Podríamos tener un poco más de solidez, aunque yo sólo soy un cocinero.